Captura del tuit de Petr Macinka amenazando al activista vial extranjero Sergio Almeida; imagen utilizada en el caso Sergio Almeida.Tuit de Petr Macinka dirigido a Sergio Almeida el 11 de noviembre de 2024, donde advierte a “extranjeros y migrantes” que “pagarán” y les recomienda comprobar su pasaporte para poder huir. Imagen cortesía de Sergio Almeida.

La indefensión que enfrenta un ciclista que documenta infracciones viales no es una excepción: es el mismo trato que reciben muchos extranjeros y minorías en la República Checa, donde denunciar suele ser más peligroso que callar.

Sergio Almeida, ciclista extranjero que documenta públicamente sus recorridos por Praga y las irregularidades viales que encuentra en ellos, fue amenazado públicamente por Petr Macinka, entonces portavoz de Motoristé sobě y hoy figura central de la coalición ANO, SPD y Motoristé, en la red social X el 11 de noviembre de 2024.

En una respuesta directa a Almeida, Macinka escribió:

Raději si ověř, dokdy ti platí pas, abys pak mohl co nejrychleji utíkat, bobku.

Le dijo que revisara la fecha de su pasaporte para que pudiera largarse del país cuanto antes, rematándolo con un insulto paternalista.

La frase constituye una amenaza explícita dirigida a un residente extranjero. Sugiere que Almeida podría ser expulsado o verse obligado a huir y utiliza su estatus migratorio como herramienta de intimidación. No hay lectura neutral posible: la advertencia gira alrededor del pasaporte, la condición de extranjero y la idea de “correr”.

El mensaje fue publicado a las 13:42 del 11/11/2024 y está documentado en capturas verificables. En ese mismo intercambio, Macinka amplió la descalificación: llamó “zelení teroristé” (“terroristas verdes”) a quienes defienden la movilidad sostenible y añadió que también “pagarán” “los extranjeros y migrantes que vienen aquí a enseñarnos”.

La reacción inmediata de Sergio Almeida reflejó el sentido del ataque:

I can’t wait to be deported! All because I ride a bicycle to work!

El intercambio dejó un precedente claro: un político con peso nacional amenazó directamente a un extranjero, vinculando una crítica cívica con la posibilidad de deportación.

Desde entonces, la confrontación pública quedó marcada por esa amenaza inicial. Y su relevancia aumenta hoy: Macinka forma parte del nuevo gobierno mientras Almeida denuncia que, el 18 de noviembre de 2025, un vehículo policial se acercó a escasos centímetros por detrás de su bicicleta en la calle 5. května. El incidente quedó grabado y fue reportado inmediatamente a la policía.

Quién es Sergio Almeida y por qué su caso importa

Sergio Almeida es un ciclista y usuario activo de redes sociales que reside en la República Checa. Desde sus perfiles públicos denuncia fallas de seguridad vial, infracciones de tránsito y la falta de infraestructura ciclista en Praga. Documenta cada incidente con evidencia directa: videos, fotografías, ubicación exacta y descripciones detalladas.

En su blog personal (sergiowct.blogspot.com) deja constancia de sus recorridos, viajes y actividades. No es un provocador ni un actor político: es un ciudadano que documenta lo que ocurre en la vía y exige el cumplimiento básico de las normas. Su historial ciclístico incluye rutas de larga distancia y registros personales, entre ellos un recorrido de siete países en 24 horas y 504 kilómetros realizado en julio de 2019, equivalente al récord Guinness vigente en esa categoría.

La constante en su perfil es la misma desde 2009: denunciar situaciones de riesgo y exigir que las calles sean seguras. Su biografía lo resume:

“After 4 years of barking, time to bite the city of Prague. No protected cycling infrastructure = sanctions and/or activism.”

Durante años ha documentado infracciones cometidas por vehículos privados y por unidades policiales. Eso lo convirtió en una voz incómoda pero verificable: todo lo que publica está respaldado por grabaciones directas. Sergio Almeida es, ante todo, un ciudadano que se cansó de pedir lo mínimo —seguridad vial y respeto a las normas. Ha reclamado repetidamente a las autoridades de Praga que garanticen infraestructuras ciclistas seguras y que sancionen a los conductores que ponen en riesgo a ciclistas y peatones. Ante la falta de respuesta, decidió documentar cada incidente y ejercer presión cívica desde sus propias redes.

Su nombre ya es público y su actividad es transparente. Por eso su caso resuena: porque muestra cómo se trata a un extranjero que denuncia comportamientos ilegales, incluso cuando su denuncia es legítima y está respaldada por evidencia.

Antecedentes documentados (2022–2023)

Sergio Almeida ya había tenido conflictos documentados con las autoridades antes del caso actual. En marzo de 2022 protagonizó un incidente con la policía de Praga que terminó en varios medios checos, y en febrero de 2023 volvió a enfrentar problemas tras denunciar riesgos en la ciclovía de Wilsonova. En ambos episodios aportó grabaciones y pruebas, pero la respuesta institucional fue similar: las autoridades lo declararon responsable y no revisaron la conducta de los agentes o conductores implicados. Estos antecedentes muestran que su relación con las instituciones checas ya estaba marcada por respuestas punitivas incluso antes de la amenaza de 2024.

Denuncia con evidencias

Tras la amenaza pública de Petr Macinka del 11 de noviembre de 2024, Sergio Almeida continuó documentando infracciones de tránsito cometidas por vehículos oficiales. El 18 de noviembre de 2025, a las 08:49 en la calle 5. května (Praga), registró con su cámara una maniobra de “close pass” deliberado realizada por un coche de la Policía Checa con matrícula 8AA-7519. El vídeo muestra que el carril adyacente estaba completamente libre, lo que hace injustificada la aproximación peligrosa al ciclista.

Ese mismo día presentó la denuncia y solicitó, mediante un procedimiento de Freedom of Information Act (FOIA), la grabación interna del vehículo policial y el audio de los agentes antes, durante y después del adelantamiento. Adjuntó las imágenes de su cámara donde se ve claramente que los agentes lo miran y advierten su presencia.

Respuesta policial

El 20 de noviembre de 2025, la Policía de Praga respondió mediante el oficio Č. j. KRPA-361289-2/ČJ-2025-0000OS. Afirmó que la cámara del vehículo policial solo graba la imagen exterior, que no registra ni guarda audio y que las cámaras personales de los agentes no estaban activadas porque, según la institución, “no realizaban ningún acto oficial” en ese momento. La policía añadió que no existe ningún registro de sonido ni de conversación interna asociado al incidente.

Recordatorio

Tras recibir esa explicación, Sergio envió el 25 de noviembre de 2025 su respuesta formal. Señaló que no considera verosímil que un coche patrulla circule, observe una infracción y no registre video alguno. Preguntó por qué en otros casos la policía sí entrega grabaciones completas y expresó su sospecha de que esta evidencia podría estar siendo retenida. Recordó que sus propios videos muestran que los agentes lo vieron claramente y anunció que, si la institución no entrega la grabación solicitada, presentará una denuncia penal por ocultación de pruebas.

Bloqueo policial en redes sociales

Ese mismo día publicó varios mensajes dirigidos a @PolicieCZ. Indicó que existen numerosos casos donde la policía mantiene cámaras activas, incluso en situaciones más graves. Señaló que la cuenta oficial de la policía lo bloqueó en X y sostuvo que la negativa a proporcionar evidencia contradice los protocolos internos y las prácticas habituales documentadas por la misma institución.

A partir de ese momento comenzó a publicar cada avance del caso. Incluyó la documentación oficial, las fechas exactas, los enlaces a los videos y todos los elementos que muestran que la maniobra policial fue deliberada.

El patrón checo: cuando las autoridades responden contra la víctima

La documentación pública del caso de Sergio Almeida muestra un esquema que otros extranjeros en Chequia han denunciado de manera coincidente: cuando un ciudadano no checo reporta una infracción, una amenaza o una irregularidad institucional, la reacción de las autoridades no se dirige al agresor sino al denunciante. El patrón aparece en varias capas.

Sergio ha repetido en sus publicaciones que, tras reportar maniobras peligrosas, acoso vial o comportamientos indebidos de la policía, la respuesta institucional ha sido bloquearlo, ignorarlo o repelerlo públicamente.

Sus mensajes detallan que las autoridades “se vengan de la víctima” y que cualquier queja suele acabar en advertencias contra él, no en sanciones al responsable de la infracción.

Evidencia ignorada y represalias públicas

Este patrón no se limita a un episodio aislado. En sus publicaciones, Sergio describe que presentar evidencia ,videos, fotos, ubicación y hora exacta, no cambia el resultado. La dinámica se repite: la institución cierra filas y desplaza el foco del hecho denunciado hacia la persona que denuncia. En lugar de revisar la conducta de los agentes o de los conductores profesionales implicados, se cuestiona la legitimidad del denunciante, su comportamiento o su derecho a exigir cumplimiento de la ley.

La respuesta del entonces portavoz del presidente, Petr Macinka, encaja en la misma lógica. Tras una crítica pública de Sergio, Macinka no se limitó a responder en el plano político: lo amenazó directamente con revisar la validez de su pasaporte y “salir corriendo”, una fórmula que en la práctica sugiere represalia administrativa contra un extranjero que ejerce un derecho fundamental: la libertad de expresión. La amenaza fue explícita, pública y quedó documentada.

Un sistema que convierte la denuncia en riesgo

En conjunto, lo que muestran estos hechos es una estructura que opera de forma inversa al estándar europeo: cuando un extranjero denuncia una vulneración, no activa un mecanismo de protección, sino un mecanismo de defensa corporativa del Estado.

La denuncia se convierte en riesgo y la víctima en objetivo. Es la lógica que explica la indefensión de extranjeros en Chequia: señalar un abuso puede tener un costo personal, especialmente si quien lo hace no pertenece al grupo mayoritario.

Extranjeros que denuncian agresiones y terminan denunciados

Los casos documentados en Chequia muestran un patrón constante: cuando una persona extranjera denuncia una agresión, física, racista o de acoso institucional, la respuesta oficial no se centra en investigar al agresor, sino en abrir un expediente contra la víctima. El resultado es siempre el mismo: el extranjero pasa de denunciante a “sospechoso”.

Este patrón no depende de una oficina ni de un nivel administrativo. Se repite en la policía, las fiscalías, el ombudsman, los ministerios, el Magistrát y los órganos municipales. Cambian los funcionarios, cambian los gobiernos, pero la reacción permanece intacta.

Ejemplos documentados por víctimas extranjeras

Personas que denunciaron agresiones racistas y terminaron recibiendo citaciones como “acusados”, sin que el autor del ataque fuera investigado.

Casos en los que la policía archivó las denuncias originales sin investigación (“Ad acta”) y abrió expedientes paralelos donde el extranjero pasó a ser el responsable.

Denuncias contra agresores que usaron insultos raciales —documentados en protocolos policiales— pero donde la institución ignoró el odio explícito y centró la atención en el comportamiento de la víctima.

Procedimientos en los que los fiscales respondieron con frases como “su estatus de asilado no le otorga ninguna ventaja”, desviando el foco del delito hacia la identidad del denunciante.

Resoluciones del ombudsman afirmando que una violación de domicilio “carece de relevancia social” porque, según su propia formulación, “no afecta a la mayoría”. Esta frase implica que, cuando la víctima pertenece a una minoría vulnerable, su caso queda automáticamente fuera del interés institucional.

Cuando la denuncia se archiva antes de investigarse

Aunque los casos son distintos, el desarrollo institucional sigue siempre la misma trayectoria. Las denuncias presentadas por personas extranjeras suelen perder peso en cuanto son registradas y pasan rápidamente a un segundo plano. Al mismo tiempo, quien cometió la agresión o la irregularidad queda fuera del foco, sin investigación efectiva.

En muchos expedientes aparece un giro predecible: la persona que pidió protección termina figurando en un procedimiento como parte problemática, mientras la actuación del agresor se diluye. Los organismos implicados tienden a respaldar su propia versión de los hechos, cerrando cualquier vía para una revisión independiente.

El resultado práctico es inequívoco: quien denuncia queda advertido de que insistir puede traer consecuencias. La señal que reciben los extranjeros y que se repite en múltiples casos ,es que mover un expediente no conduce a protección, sino a un aumento del riesgo.

El patrón del mal institucional

Este patrón no se limita a refugiados o minorías visibles. También alcanza a extranjeros plenamente integrados, profesionales, estudiantes y trabajadores que denunciaron agresiones o irregularidades. En todos ellos se repite el mismo desenlace, la institución desatiende el hecho violento y desplaza la carga sobre quien lo reportó.

La comparación entre incidentes muestra que no se trata de decisiones individuales, sino de una cultura institucional enraizada: la palabra del extranjero vale menos, incluso cuando aporta pruebas. Esa minusvaloración intensifica el racismo y envía un mensaje práctico a toda la población migrante, en Chequia, denunciar puede empeorar tu situación jurídica.

Cuando se observan los expedientes de distintas oficinas ,policía, fiscalías, municipalidades, ministerios y Defensor del Pueblo la conclusión es inequívoca, el patrón impregna a todas las capas del Estado. No importa quién gobierne o qué partido esté a cargo. El resultado es siempre el mismo: la institución responde protegiéndose a sí misma, no a la víctima.

Estado de indefensión

El caso de Sergio y de otros extranjeros muestra una realidad que rara vez se reconoce en público: cuando un extranjero denuncia, queda solo y completamente desprotegido. Las instituciones no investigan a los infractores si son checos ni a los agresores pertenecientes a la mayoría, y no ofrecen ninguna vía externa de apoyo. Para quienes tienen asilo o refugio, la situación es aún más grave: no pueden acudir a embajadas ni a sus países de origen, y cualquier denuncia puede volverse en su contra. Es el escenario perfecto de vulnerabilidad: un sistema que se protege a sí mismo mientras deja sin respaldo a las personas que más dependen de la ley.

Por cronicasexilio

Journalist and human rights defender. Currently in exile in Europe, where I continue to denounce discrimination, racism, and the rise of neo-Nazism. In this space, I share chronicles, investigations, and reflections from the perspective of resistance.

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