Un reportaje presentado como “historia humana”, pero escrito como propaganda
Radio Praga Internacional publicó un reportaje que, presentada como “historia humana”, termina siendo una promoción encubierta del prostíbulo Darling. La pieza gira en torno a una joven española que trabaja en la industria sexual de Praga. La historia personal importa menos que lo que hace el medio: convierte un burdel en contenido cultural, oculta el término prostitución y emplea un lenguaje diseñado para suavizar la explotación.
Eufemismos para suavizar la prostitución
La radio llama “erótica”, “stripper”, “bailarina” o “dominatrix” a una mujer que vende servicios sexuales. No menciona el término prostitución ni una sola vez. La omisión no es casual: es el primer paso para convertir un negocio sexual en entretenimiento aceptable.
El falso empoderamiento como herramienta de marketing
La narrativa sigue el guion clásico del “empoderamiento”: una mujer que encuentra libertad, dinero y autoestima gracias al mercado sexual. Es el mismo discurso que los clubes utilizan para reclutar chicas. Y aquí el medio público lo amplifica sin cuestionarlo. No analiza las condiciones laborales, la precariedad del sector ni la violencia que la atraviesa. Se limita a repetir una historia aspiracional que encaja perfectamente en el marketing de estos locales.
Descripción detallada del prostíbulo: periodismo o publicidad
El reportaje describe el funcionamiento de Darling con una precisión que no aparece en ninguna crónica social sobre temas serios: cómo se entra, qué se ofrece, qué salas existen, cómo funcionan los “privados”, qué obtienen los clientes que pagan más. No es periodismo. Es publicidad detallada de un prostíbulo presentada bajo el logotipo de una emisora estatal.
Praga presentada como destino de turismo sexual
Praga aparece retratada como un destino ideal para este negocio: turismo todo el año, flujo constante de clientes, oportunidades, buen ambiente para trabajar. Es exactamente el tipo de narrativa que alimenta el turismo sexual. Y es exactamente lo que un medio público no debería promover.
La captación tratada como algo inocente
La joven cuenta que entró en ese mundo a través de redes sociales: primero una chica la invitó, después la contactaron managers y, finalmente, alguien que ya trabajaba en Praga le recomendó la ciudad. Esa cadena, amigas, intermediarios y reclutadores, coincide con los patrones descritos en los informes europeos sobre trata y explotación sexual. Sin embargo, Radio Praga trata ese recorrido como si fuera un proceso inocuo, sin advertir riesgos ni contextualizar lo que significa. El medio opta por presentarlo como un relato espontáneo en lugar de examinar un indicador serio que exige contraste y explicación.
El reportaje no incluye una sola voz experta. No hay psicólogos, sociólogas, ONG, especialistas en trata, inspectores laborales, policía, datos oficiales ni contexto legal. Nada. Solo la protagonista y la voz del propio club. El estándar periodístico queda reducido a cero.
Un enfoque masculino orientado al consumidor
El ángulo del reportaje es visiblemente masculino. Describe lo que un cliente ve, qué obtiene, cómo funciona el entretenimiento, qué pasa en cada sala, cómo se realiza cada servicio. Es un texto orientado al consumidor masculino, no al ciudadano.
Erotización abierta en un medio público
Para reforzar ese tono, Radio Praga erotiza la narrativa: describe a la joven como “fascinante”, “osada”, “mujerona”, con “energía sexual” y “estética dark”. Es un relato diseñado para provocar interés sexual disfrazado de crónica cultural. Eso no tiene cabida en un medio público.
La difusión en Facebook con lenguaje de promoción erótica
Y el comportamiento de la emisora no termina en el artículo. Radio Praga promovió esta misma pieza en su página oficial de Facebook usando exactamente el lenguaje del marketing erótico: “alto voltaje”, “qué hacen sus clientes con su pie”, “haz clic… en más de un sentido”. Insertó dos veces el enlace como si fuera una campaña comercial y presentó al prostíbulo Darling como un atractivo para el lector. No es una simple difusión: es una estrategia deliberada para captar tráfico mediante contenido sexual bajo un perfil institucional financiado con dinero público.
La contradicción de un medio estatal normalizando un burdel
Radio Praga Internacional se presenta como un medio público serio, financiado por el Estado, con dirección oficial en Vinohradská 12, líneas telefónicas institucionales, sitio web propio y un perfil cuidadosamente construido para proyectar neutralidad y profesionalismo. Esa imagen contrasta con su decisión editorial de romantizar un burdel. El problema ya no es el lenguaje promocional usado en redes, sino el principio: una institución financiada con dinero público ha optado por dar visibilidad positiva a un sector históricamente asociado a riesgos de explotación sexual, según los informes europeos.
Darling convertido en “espacio cultural”
El reportaje siembra la idea de que los prostíbulos son casi espacios culturales. Darling aparece descrito como un club “tradicional”, “artístico”, “organizado”, “familiar”. Ese lenguaje suaviza la naturaleza de un tipo de negocio que, según organismos europeos, forma parte de una industria con riesgos documentados de explotación sexual y trata. El texto sustituye el contexto real por un barniz estético que normaliza lo que no debe normalizarse.
La excepción presentada como norma
El texto convierte una excepción —una trabajadora sexual que dice sentirse fuerte, que afirma tener elección, que presenta su historia como triunfo personal— en la norma. Pero esa no es la realidad de la mayoría de mujeres en la industria sexual. Muchas llegan por coerción económica, manipulación o endeudamiento. Radio Praga oculta esa parte y se aferra al caso atípico que mejor favorece al club.
El punto más grave: un indicador de vulnerabilidad ignorado
A esto se suma un episodio de vulnerabilidad temprana en el relato de la protagonista que el medio reproduce sin cuestionar ni contextualizar. Un medio público no puede convertir indicadores de riesgo en anécdotas y seguir adelante como si nada. La responsabilidad editorial exige detenerse, advertir, contextualizar y proteger a las audiencias. Radio Praga no lo hizo.
La trata en Europa Central: el contexto que Radio Praga oculta
En la República Checa y en toda Europa Central, miles de mujeres caen cada año en redes de explotación sexual. Los informes de la Comisión Europea y del Departamento de Estado de EE. UU. ubican al país como territorio de tránsito y destino de trata. En este contexto, la decisión de una emisora estatal de publicar un reportaje que glamouriza un prostíbulo no es un descuido: es una irresponsabilidad institucional.
Según los últimos datos de la Comisión Europea, en 2023 se registraron 10 793 víctimas de trata en la Unión Europea, la cifra más alta desde 2008. La explotación sexual sigue siendo la forma de trata más frecuente, y en Europa Central y Sudeste llega a representar alrededor de la mitad de los casos. En este mapa, la República Checa figura en los propios informes oficiales como país de origen, tránsito y destino de víctimas —incluida la explotación sexual—, mientras que muchas más permanecen sin identificar.
Entre todas las mujeres españolas en Praga, eligieron centrar su reportaje en un burdel
En la República Checa viven decenas de mujeres españolas, profesionales, trabajadoras, estudiantes, investigadoras, emprendedoras y artistas que sí representan ejemplos reales de empoderamiento. Si Radio Praga hubiera querido contar una historia positiva de una extranjera en Praga, tenía un abanico enorme donde elegir. Pero no eligieron a ninguna de ellas. Eligieron a una joven vinculada a un prostíbulo para utilizar su imagen en la promoción de un tipo de negocio que acumula miles de víctimas en toda Europa. Esa elección no es inocente: responde a la intención de convertir la prostitución en un producto consumible y presentable, disfrazado de “historia inspiradora” para obtener clics y normalizar una industria marcada por la explotación.
La negativa de Radio Praga a escuchar a una periodista víctima de una tiranía
Una periodista caribeña con asilo político en Praga intentó repetidamente aportar su testimonio documentado a Radio Praga. Durante más de quince años, nunca fue escuchada. Incluso cuando pidió ser entrevistada para exponer irregularidades que afectaban directamente a su seguridad, la emisora pública ignoró su petición. Esa negativa a atender la voz de una persona asilada contrasta con la rapidez y el entusiasmo con que Radio Praga decide amplificar un relato ligado a la industria sexual.
El límite que un medio público no puede cruzar
Un medio público no puede actuar como escaparate de la industria sexual.
Convertir la prostitución en arte, estilo de vida o entretenimiento es una desviación de su función informativa.
Un servicio estatal debe hablar desde la ciudadanía, no desde la mirada del cliente.
Tampoco corresponde eliminar la palabra “prostitución” para suavizarla, ni presentar un burdel como si fuera un atractivo turístico.
Conclusión: esto no es periodismo
Lo que ha hecho Radio Praga no es periodismo.
Es publicidad encubierta financiada con dinero público.
Y cuando un medio estatal cruza esa línea, no solo rebaja su propio nivel: rompe la confianza, renuncia a su deber informativo y entrega su credibilidad a cambio de una historia vistosa.
La credibilidad perdida no se recupera.
