Pavel Matějný ha sido mencionado durante años por medios especializados y organizaciones de monitoreo como parte del entorno neonazi checo,uno de los miembros más activos y peligrosos de ese circuito. Durante años difundió odio contra romaníes, judíos, homosexuales y extranjeros sin que eso se tradujera en consecuencias reales. El 24 de julio de este año fue detenido por primera vez, después de amenazar al Gobierno con una ametralladora, amenaza que más tarde intentó presentar como “una metáfora”.
Si no hubiera cruzado esa línea, probablemente seguiría publicando y participando en marchas contra las minorías como si nada. En Chequia, los casos relacionados con discursos extremistas suelen avanzar muy lentamente en el sistema judicial. Y cuando finalmente los detienen, recurren al mismo guion de siempre: “estaba borracho”, “no soy racista”, “me gustan los asiáticos y los negros”, o el clásico contemporáneo que usó Turek: “tengo una novia negra”. Es el manual básico para aparentar inocencia mientras continúan exactamente igual.
El día en que por fin lo detuvieron
El 24 de julio de 2025, tras más de un mes de búsqueda y dos audiencias fallidas, la policía detuvo finalmente a Pavel Matějný por orden del Tribunal de Distrito de Praga Este. En mayo había enviado un correo diciendo que tenía un problema intestinal repentino; en junio escribió que había sufrido un ataque psicótico con pérdida de visión. Ninguna de las dos veces presentó documentos médicos.
El juez Jan Bouda lo había visto personalmente, le entregó una citación y le había advertido que, si volvía a faltar, sería arrestado. Matějný faltó otra vez y se activó la custodia según el artículo 67, letra a), del Código de Procedimiento Penal, por riesgo de fuga. La apelación no lo protegió: no tenía efecto suspensivo. Por primera vez en más de una década, el Estado actuó de manera contundente contra alguien que venía acumulando amenazas, discursos violentos y publicaciones extremistas sin que se produjera una reacción institucional proporcional.
Trayectoria, ideología y años de discursos de odio
Pavel Matějný es una figura estable dentro del extremismo checo. Medios especializados y organizaciones que monitorean radicalización lo han descrito durante años como parte del ambiente neonazi y de extrema derecha. Fue militante del DSSS, encabezó la milicia “Leones Checos”, participó en el Partido Democrático de los Trabajadores y en 2025 ocupaba un cargo directivo en el movimiento Renacimiento Nacional, del cual llegó a declararse líder ante el tribunal.
Su historial público es amplio. Desde hace al menos diez años comparte discursos de odio contra romaníes, judíos, homosexuales y extranjeros. En 2013 fue grabado liderando una marcha en Duchcov donde se gritaron consignas racistas y se produjeron choques con la policía.
Publicaciones hostiles y estética radicalizada
En Facebook publicó mensajes como: «¡Que le disparen al gobierno, quemen a los judíos de Facebook!», «¿Gobierno checo? ¡Que te cuelguen o que te disparen!», y «Cuando los tractores lleguen a Praga, me uniré con un AK-47». También difundió una foto de un campo de tiro donde el objetivo no era una silueta, sino la caricatura de un empresario judío. Para justificarlo declaró que “la policía no puede demostrar que la persona representada sea judía”. Felicitó públicamente a los autores del ataque incendiario de Vítkov cuando quedaron en libertad, pese a que aquel ataque dejó a una niña romaní con lesiones gravísimas.
Matějný acompañaba estos mensajes con símbolos y estética propios de grupos supremacistas. Publicó una fotografía con su esposa sosteniendo un cartel de “White Lives Matter”, que presentó como una supuesta organización legal que “defiende los derechos de la minoría blanca”. En otras imágenes aparece semidesnudo mostrando tatuajes con simbología nazi. Su biografía de Facebook asegura que estudió en la “High School of Life” y en una escuela llamada “Napola”, el mismo nombre que usaban los internados de élite del régimen nazi.
Declaraciones ante el tribunal y cargos formales
Frente al tribunal no ocultó su forma de pensar. Dijo que era “miembro de la raza blanca” y que estaba “dispuesto a luchar por ella”. Cuando se le preguntó por los romaníes, respondió: “Son parásitos y no quieren trabajar”. Con los homosexuales fue igual de explícito: afirmó que son “enfermos o extraños”.
También explicó lo que para él significa ser “checo étnico”. Aseguró que un checo debe tener “padre y madre checos” y añadió que cada nación “debería preferir su propio genoma”.
Sus comentarios sobre Hitler fueron igual de reveladores. Lo describió como “un político común y corriente” y “un político de su época”. Dijo que no lo consideraba bueno, pero que su presencia en la portada de una revista demostraba que “no podía ser tan negativo”. Además declaró que no celebra el 8 de mayo porque, según él, representa “la victoria del bolchevismo”.
Sus publicaciones —un total de veinticinco según la fiscalía— forman parte del expediente. Con base en ellas enfrenta cargos por incitación a cometer un delito, promoción de un movimiento que suprime derechos humanos, violencia contra un grupo, violencia contra un individuo y difamación por motivos raciales o étnicos. La pena posible llega hasta los diez años de prisión.
La década de marchas y ataques contra los romaníes (2013–2023)
La trayectoria pública de Pavel Matějný dentro del extremismo checo empieza a verse con claridad en 2013, un año marcado por las mayores protestas anti-romaníes de la última década. Ese verano, cientos de personas vinculadas a grupos neonazis y a formaciones de extrema derecha marcharon por ciudades como Duchcov, Vítkov, Přerov, Ostrava y České Budějovice, y Matějný figuró entre los organizadores, convocantes o oradores en varias de esas acciones.
En Duchcov se le vio al frente de una multitud que terminó enfrentándose con la policía mientras intentaban entrar en zonas habitadas por familias romaníes. En otras ciudades, los disturbios derivaron en cargas policiales, uso de gases lacrimógenos, decenas de heridos y más de un centenar de detenidos.
Impunidad prolongada
Los expedientes judiciales y las hemerotecas muestran que Matějný lleva más de diez años participando en marchas, mítines y convocatorias donde se grita contra los romaníes, se difunden consignas racistas y se alienta a la “defensa de la raza blanca”. Su presencia fue documentada en manifestaciones en Břeclav, Přerov, Příbram y Vítkov, además de su participación activa en el movimiento Renacimiento Nacional. Durante ese período, publicó mensajes que llamaban a la violencia contra romaníes, judíos, homosexuales y extranjeros, sin que esos actos derivaran en consecuencias penales significativas.
Las protestas de 2013 fueron especialmente violentas: en ciudades como České Budějovice y Ostrava, grupos organizados intentaron romper cordones policiales para entrar a barrios romaníes, lanzaron piedras y botellas, y golpearon a agentes antidisturbios. La policía llegó a describir algunas escenas como “casi una batalla campal”. A pesar de este historial sostenido, Matějný continuó apareciendo en redes sociales y manifestaciones sin enfrentar condenas hasta que, más de una década después, una amenaza dirigida directamente al gobierno llevó finalmente a su detención.
El lenguaje que replica conceptos del pasado
Entre las demandas del movimiento Renacimiento Nacional, Matějný incluyó la expresión “Solución Final a la Cuestión Gitana”, una fórmula que no es casual. El término reproduce de forma explícita el nombre del programa nazi conocido como la “Solución Final a la Cuestión Judía” (Endlösung), que el Tercer Reich utilizó para designar su plan de persecución sistemática y exterminio contra la población judía en Europa.
`Pavel Matějný no habla de exterminio físico, pero sí adopta el mismo marco conceptual: define a los romaníes como un “problema nacional”, propone medidas de segregación, eliminación de derechos sociales y una política basada en “proteger el genoma checo”. Sus declaraciones en el tribunal ,“soy miembro de la raza blanca y estoy dispuesto a luchar por ella”,refuerzan la línea ideológica que guía su propuesta.
El paralelismo es claro: no en los métodos, sino en la lógica racial y en el uso deliberado de una expresión históricamente asociada al nazismo. Ese lenguaje, combinado con sus publicaciones violentas y su historial de marchas anti-romaníes, coloca a Matějný dentro del espectro neonazi sin espacio para ambigüedades.
Advertencias públicas y señales ignoradas
El cambio llegó en febrero de 2024. Esa tarde escribió: «Cuando los agricultores con tractores vengan a Praga, llevaré una ametralladora y los acompañaré al gobierno». En pocas horas, una unidad antidisturbios irrumpió en su vivienda. Allí encontraron una ametralladora checoslovaca VZ. 58 operativa, capaz de disparo automático, junto a 40 cartuchos y varios cargadores. Declaró que el arma era un regalo de cumpleaños y que la tenía “desde hace 70 años”. También afirmó que él mismo afiló el percutor porque “conoce las leyes”. Intentó sacar una licencia de armas, pero se la negaron. Sostuvo que la decisión se debía a “sus opiniones políticas”.
A pesar del hallazgo del arma automática, el tribunal lo dejó en libertad provisional. Las audiencias posteriores no avanzaron. Volvió a excusarse por correo, sin aportar documentación médica.
La respuesta del Estado y la línea que nunca debía cruzar
Ni sus amenazas contra romaníes, ni sus comentarios antisemitas, ni sus publicaciones homófobas, ni su propuesta de una “Solución Final a la cuestión gitana” activaron medidas serias. Tampoco lo hizo su planteamiento de reducir el número de extranjeros o deportar a los ucranianos “normalmente en avión”. Durante años, todo quedó en advertencias o excusas.
La reacción del Estado cambió solo cuando el blanco de sus amenazas dejó de ser una minoría y pasó a ser el propio Gobierno. La presencia de un arma automática lista para disparar aceleró finalmente la respuesta institucional. El arresto del 24 de julio de 2025 fue, en la práctica, la primera acción sostenida contra un hombre que venía incitando a la violencia contra las minorías desde hacía más de diez años.
Pavel Matějný y la impunidad que lo protegió durante más de una década
Durante todo ese tiempo, Pavel Matějný combinó su actividad en las calles, marchas violentas, choques con la policía y convocatorias contra los romaníes, con una producción constante de amenazas en redes sociales. Nada de eso tuvo consecuencias reales.
La explicación es sencilla: en Chequia, mientras el odio se dirija a minorías, el sistema suele tratarlo como “opinión política” o “exceso verbal”. Solo cuando cruzó la línea y amenazó al propio gobierno con un arma automática, el Estado actuó. Esa impunidad prolongada permitió que un extremista con historial público de violencia y propaganda neonazi siguiera operando con total libertad hasta que tocó el nervio del poder.
