La fractura extremista en Chequia quedó en evidencia en menos de una semana de funcionamiento del nuevo gobierno. La ruptura apareció de inmediato dentro del SPD, el partido de Tomio Okamura, conocido por su discurso xenófobo, antiinmigración y hostil hacia minorías, cuando el ministro de Defensa asignado a su cuota, Jaroslav Zůna, que no es militante del SPD y fue elegido por Babiš como figura técnica, declaró que la República Checa mantendrá la iniciativa de munición para Ucrania, que Rusia es el agresor y que está preparado para viajar a Kiev. La reacción fue inmediata: votantes y simpatizantes del SPD, que esperaban una línea prorrusa estricta, estallaron contra el ministro y contra el propio Okamura.
El impacto fue visible en cuestión de horas. En los perfiles oficiales del SPD, decenas de seguidores reclamaron sentirse engañados: creían que Defensa estaba en manos de un ministro propio, pero ahora descubren que Jaroslav Zůna no pertenece al SPD y nunca formó parte de su estructura. Esa distancia con el partido y con el discurso que Tomio Okamura promovió durante años desató el malestar inmediato. La protesta se convirtió en una crisis interna que ya afecta la estabilidad de la coalición ANO-SPD-Motoristé sobě.
El diputado Jaroslav Foldyna, político checo de larga trayectoria y conocido por su cercanía a los Noční vlci,un grupo de moteros ultranacionalistas alineado con el Kremlin y activo en operaciones de propaganda prorrusa en Europa Central, afirmó que el ministro “se averió”. Su frase fue reproducida por varias páginas vinculadas a la extrema derecha local.
Escándalo sexual y maniobra política
Paralelamente, Jindřich Rajchl, exabogado y figura visible del movimiento radical PRO (Partido del Respeto y la Libertad), anunció que “está listo para asumir el cargo”, pese a que nadie se lo pidió y no forma parte del reparto ministerial. Rajchl llega a este episodio tras el escándalo por un video pornográfico que se le atribuye en redes sociales, presuntamente de su autoría y ampliamente difundido por terceros, material cuya autenticidad no ha sido verificada por ningún medio checo reconocido. En este contexto, su intervención en la crisis del SPD parece orientada a ganar terreno político y reparar una imagen ya resquebrajada entre parte de sus propios seguidores.
La dirección del partido intentó limitar el daño. Okamura y Radim Fiala aseguraron que el ministro “se expresó mal”. Las reacciones muestran que esa explicación no convenció a sus propios votantes. La brecha entre la retórica extremista del SPD y la práctica institucional quedó expuesta sin margen para contención.
El elocuente silencio de Okamura
Tomio Okamura no ha dado una explicación clara sobre el choque provocado por el ministro de Defensa asignado al cupo del SPD, pero que él no eligió ni controla. Su silencio no es casual: está atrapado entre dos frentes. Si respalda a Zůna, pierde a su base prorrusa, que exige una postura alineada con Moscú y rechaza cualquier apoyo a Ucrania. Si lo critica, queda expuesto ante Babiš, porque Zůna no fue colocado por el SPD, sino por la coalición que sostiene al nuevo gobierno.
Cualquier palabra lo debilita. Hablar significaría romper con sus votantes o tensar la relación con ANO. Callar le permite ganar tiempo, pero confirma que el líder de un partido extremista no controla a su propio ministro y teme asumir el costo político de una crisis que estalló en menos de una semana. Esta vez, Okamura prefiere callar. Cualquier declaración lo hundiría más.
Fractura extremista en el SPD
En el Parlamento, algunos diputados del SPD observan el conflicto como una oportunidad para posicionarse. Fuentes públicas y comentarios en redes sociales indican que el partido se dividió en tres grupos: quienes apoyan al ministro, quienes piden su destitución inmediata y quienes buscan usar la crisis para ganar influencia. La cohesión del club parlamentario se debilitó antes de cumplir diez días en el gobierno.
En este contexto, la coalición cuenta con 108 votos. La solidez de la mayoría parlamentaria empieza a ser tema de discusión. Analistas y miembros de la oposición señalan que el SPD abrió una fractura que puede afectar decisiones urgentes del Ejecutivo. El caso revela el riesgo de entregar un ministerio clave a un partido con historial de discursos extremistas.
Radicales al mando del Ministerio de Defensa
El SPD llegó al Ministerio de Defensa como parte del pacto para formar gobierno. El acuerdo se cerró bajo la necesidad de Andrej Babiš de consolidar mayoría. La entrega del ministerio a un partido con posiciones prorrusas provocó preocupación entre sectores diplomáticos y militares. El episodio confirma esos temores.
La radicalización institucional consiste en integrar fuerzas extremistas en áreas sensibles del Estado. En este caso, un partido con antecedentes de xenofobia, nacionalismo excluyente y vínculos con actores pro-Kremlin asumió un ministerio con competencias sobre política exterior, OTAN y seguridad. El choque entre discurso radical y responsabilidades reales fue inmediato.
Decepción entre votantes de la extrema derecha
El comportamiento de la base del SPD ilustra la tensión. Simpatizantes que esperaban un giro pro-Moscú rechazan ahora a su propio ministro. Para ellos, apoyar a Ucrania o calificar a Rusia como agresor contradice la narrativa que los movilizó. El descontento muestra que la radicalización no opera solo en la dirigencia, sino como parte del ecosistema político que sostiene al partido.
En redes sociales, perfiles vinculados a grupos de extrema derecha publicaron mensajes exigiendo cambios inmediatos en el gabinete. Varios usuarios acusaron al ministro de “traicionar” la agenda del SPD. Los ataques se extendieron a figuras de ANO, a quienes culpan por permitir el nombramiento de Zůna. La escalada digital confirma el deterioro interno.
Choque entre discurso extremista y deber institucional
El gobierno enfrenta ahora un doble problema. Por un lado, necesita mantener cohesión en áreas estratégicas. Por otro, debe gestionar un partido cuya narrativa choca con las obligaciones institucionales. El SPD construyó su identidad desde la oposición, sin necesidad de asumir responsabilidades militares o alianzas internacionales. Gobernar bajo esas condiciones produce contradicciones inmediatas.
Para la coalición, la fractura en Defensa es una señal de advertencia. Muestra que los socios parlamentarios no comparten una visión coherente sobre seguridad exterior, Rusia o la guerra en Ucrania. También exhibe que sectores radicalizados no aceptan el mínimo marco de cooperación con la OTAN, pese a que el país forma parte de la alianza desde 1999.
Babiš entre cuerdas
Babiš enfrenta un escenario complejo. El ex primer ministro y actual líder de ANO arrastra acusaciones serias de corrupción, malversación de fondos europeos y un expediente que podría derivar en un juicio en Francia por el caso de la finca Čapí hnízdo. Ahora gobierna dependiendo de un socio político imprevisible: el SPD. Esa dependencia deja a su Ejecutivo expuesto a disputas internas que no controla. La decisión de entregar un ministerio clave al partido de Okamura tiene un costo político inmediato y aumenta las dudas sobre la capacidad del gobierno para mantener estabilidad en áreas sensibles.
El conflicto también evidencia los límites de la retórica extremista cuando llega a funciones de Estado. El Ministerio de Defensa, una cartera clave para la seguridad de la República Checa y su posición dentro de la OTAN, quedó en manos de un partido cuya línea política favorece abiertamente a Rusia y ataca de forma sistemática a Ucrania. La distancia entre el discurso electoral y la responsabilidad gubernamental se hizo visible desde el primer día: los extremistas han puesto en riesgo un área estratégica del país por imponer su agenda prorrusa en plena guerra.La base del SPD rechaza cualquier movimiento que no sea prorruso, incluso cuando contradice la política exterior oficial del país.
Babiš, arrastra acusaciones serias de corrupción, malversación de fondos europeos y un expediente abierto que podría derivar en un juicio en Francia por el caso de la finca Čapí hnízdo. Ahora gobierna dependiendo de un socio político imprevisible: el SPD. Esa dependencia deja a su Ejecutivo expuesto a disputas internas que no controla. La decisión de entregar un ministerio clave al partido de Okamura tiene un costo político inmediato. La crisis de esta semana se suma a dudas sobre la capacidad del gobierno para sostener continuidad en áreas sensibles.
El conflicto también revela los límites de la retórica extremista cuando llega a funciones de Estado. La distancia entre el discurso electoral y la responsabilidad gubernamental quedó expuesta en Defensa.
La respuesta pública y la sátira digital

Las declaraciones del ministro Zůna provocaron una reacción inmediata no solo dentro del SPD, sino también en el espacio digital, donde la contradicción entre el discurso prorruso del partido y la postura del nuevo ministro se volvió material de burla. Activistas y usuarios de X comenzaron a difundir memes y carteles satíricos que mostraban al SPD como “garante” de la ayuda militar a Ucrania, acompañados de irónicos mensajes de agradecimiento al partido por “defender valores ucranianos”. Uno de los carteles más compartidos retrata a Tomio Okamura y a Zůna bajo el lema “SPD pomáhá Ukrajině”, una inversión humorística del mensaje habitual del partido, que históricamente se ha alineado con posiciones prorrusas y antiinmigración.
Este tipo de sátira revela un hecho clave de la fractura extremista: incluso los votantes y críticos habituales del SPD perciben que el partido ha perdido el control de su propio relato. La maquinaria de propaganda que Okamura ha construido durante años se vio desbordada por una realidad que no pudo maquillar: su ministro de Defensa adoptó posiciones incompatibles con la base ultraderechista que sostiene al partido. Las redes sociales amplificaron ese choque, transformándolo en un fenómeno viral que expuso aún más la debilidad interna del movimiento.
El clavo final de Zeman
La base del SPD recibió otro golpe inesperado cuando Miloš Zeman, expresidente de la República Checa y figura históricamente asociada a posiciones prorrusas, apareció en televisión. Según Forum 24, en el programa Napřímo se le preguntó si los activos rusos congelados deberían emplearse para apoyar a Ucrania. Zeman respondió que “no le importaría, porque Rusia es el agresor y el agresor debería pagar por su agresión”.
Para muchos votantes del SPD, que durante años lo consideraron una referencia ideológica, la declaración fue desconcertante.
La reacción fue inmediata: indignación en los foros prorrusos, críticas contra Zeman y un silencio evidente en las cuentas oficiales del SPD.
Con esa declaración, el expresidente desmontó de un golpe el relato prorruso que Okamura ha repetido durante años.
Y reforzó la fractura interna que el SPD intenta disimular desde la intervención del ministro Zůna.
Radicalización institucional en crisis
La radicalización institucional se refleja en los efectos inmediatos del conflicto interno: un gobierno que inicia con inestabilidad, aliados que observan con desconfianza y una pérdida rápida de credibilidad pública. Las reacciones de Jaroslav Foldyna y Jindřich Rajchl, desmedidas y centradas en ataques personales, muestran otra constante del espacio ultraderechista: la dificultad para manejar tensiones internas sin convertirlas en disputas públicas y sin erosionar todavía más su propia estructura política.
A pocos días del inicio del nuevo gobierno, la situación es inquietante. El SPD, liderado por Tomio Okamura.Político que ha enfrentado investigaciones por incitación al odio y cuya formación fue descrita por un juez checo como de corte fascista, está integrado por radicales, extremistas y defensores de un discurso abiertamente xenófobo. Un partido con ese perfil no está en condiciones de manejar una cartera que exige disciplina, coherencia y planificación real. La fragilidad expuesta en Defensa puede repetirse en otros ministerios si la coalición de extremistas mantiene este mismo nivel de improvisación y conflicto interno.
