Calle en Cuba llena de basura y aguas estancadas, un foco de mosquitos que agrava las epidemias en Cuba.Basureros sin recoger y aguas estancadas en barrios de Cuba, elementos que impulsan las epidemias en Cuba y exponen el colapso sanitario.

Epidemias en Cuba: hospitales derrumbados, cifras ocultas y una mortalidad que crece fuera de los partes oficiales

Las epidemias en Cuba por dengue, chikungunya y Oropouche han provocado más de 47.125 ingresos hospitalarios, según datos reconocidos por el propio Ministerio de Salud. La cifra coloca a la isla con la incidencia más alta de las Américas y expone un sistema sanitario incapaz de responder a una crisis que lo desborda. Mientras el Gobierno difunde reportes parciales, médicos, científicos y familiares de pacientes describen un escenario mucho más grave: hospitales derruidos, ausencia total de medicamentos básicos, cementerios ampliados y muertes que no aparecen en ningún documento oficial.

En el Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología (INHEM), un especialista con más de treinta años de experiencia aseguró que el mismo día en que las autoridades informaron cero fallecidos en La Habana, solo en la manzana donde está ubicado el instituto murieron nueve personas por cuadros virales o respiratorios severos.

El experto explicó que al INHEM solo están llegando muestras sanas, lo que impide identificar los virus reales en circulación. También confirmó que el director de la institución murió el 1 de noviembre por un cuadro compatible con esta ola viral, aunque el fallecimiento no se reconoce oficialmente.

Un país entero bajo contagio

En toda la isla, las infecciones se han desbordado. Miles de personas están contagiadas al mismo tiempo, desde las capitales provinciales hasta los municipios rurales. La propagación es tan amplia que ya no se habla de brotes aislados, sino de un país entero bajo el impacto simultáneo de estas epidemias en Cuba.

Muestras descartadas y diagnósticos falsos en Pinar del Río

En Pinar del Río, personal de laboratorio denunció que fueron instruidos para desechar todas las muestras de sangre de pacientes con síntomas de arbovirosis debido a la falta total de reactivos. El procedimiento consiste en extraer la muestra, prometer un resultado en siete días, botar la sangre y entregar un negativo automático. La práctica impide conocer el número real de enfermos y muertes asociadas. Vecinos reportan varios fallecimientos de jóvenes en un mismo barrio y hasta diecisiete cadáveres en un solo día en una funeraria pequeña.

El colapso también se evidencia en los hospitales, muchos de los cuales se encuentran literalmente derruidos. En La Habana, otro paciente murió sentado en un banco del Hospital 26 de Julio porque no había médicos de guardia; solo estudiantes latinoamericanos de primer año intentaron asistirlo. En distintos centros del país, pacientes reciben sueros, analgésicos o atención primaria en el suelo debido a la falta de camillas. Varios hospitales carecen incluso de tabletas básicas para bajar la fiebre, como paracetamol e ibuprofeno, lo que agrava los cuadros en niños y adultos infectados.

Falta de medios en hospitales y ampliación acelerada del cementerio

Las escenas se repiten: un hombre sin piernas arrastrándose por un pasillo porque no había sillas de ruedas; un paciente recién operado con un drenaje conectado a un pomo de refresco por falta de equipamiento; otro padre que tuvo que comprar el trokar y el levín para su progenitor mientras vomitaba fluidos porque el hospital no tenía los insumos; una mujer recién operada sentada en una silla en una sala de hombres con un drenaje improvisado en un guante de látex. Todo ello forma parte de la misma crisis que acompaña las epidemias en Cuba: un sistema sin recursos mínimos para sostener la vida.

En Santiago de Cuba, la ampliación repentina del cementerio con filas enteras de tumbas nuevas revela un aumento llamativo de la mortalidad. Las áreas recién construidas coinciden con el incremento de fallecimientos que no figuran en ningún parte estatal. La evidencia se ve en la tierra removida, en las lápidas recientes y en el ritmo de entierros que supera el de meses anteriores.

Una muerte evitable en una sala sin insumos

La falta de insumos se extiende incluso a productos esenciales para la vida. En el hospital Hijas de Galicia, una recién nacida murió a los tres días porque no había vitamina K, un medicamento que se administra de forma rutinaria a todos los bebés para evitar hemorragias. La niña presentó sangramiento rectal severo y fue trasladada a terapia intensiva. A pesar de transfusiones y ventilación mecánica, falleció el 1 de octubre. Su familia denunció además que no había cama disponible para su madre porque estaban cobrando cinco mil pesos por cada cama, una práctica ilegal que retrasó su atención.

La triple epidemia llega en un país sin combustible para fumigar, sin reactivos para diagnosticar, sin analgésicos, sin antibióticos y sin personal médico suficiente. La respuesta estatal ha sido recomendar suero casero ante la falta total de medicamentos. Con hospitales colapsados, laboratorios sin capacidad de análisis y cementerios ampliados, la magnitud real de las epidemias en Cuba se refleja más en los testimonios de la población que en las cifras oficiales.

El deterioro actual no es consecuencia exclusiva de los virus. Es el resultado acumulado de años de abandono institucional, falta de inversión y una gestión que impide conocer la realidad epidemiológica del país. La crisis no solo está en los contagios: está en la imposibilidad del sistema de salud para enfrentar cualquier emergencia básica.

Alerta internacional por riesgo epidemiológico

La situación sanitaria de la isla ya ha provocado advertencias formales de varios países. La embajada de Estados Unidos en La Habana emitió un aviso de salud elevando las precauciones por el aumento de casos de chikungunya. Días después, la embajada de México recomendó a sus ciudadanos viajar a Cuba únicamente con seguro médico internacional, usar repelentes de alta eficacia y registrarse antes de volar debido a la expansión simultánea de dengue y Oropouche. Diversas agencias de viaje europeas han comenzado a incluir advertencias similares por la incapacidad del sistema cubano para atender emergencias básicas. Estas notificaciones confirman que la crisis no es local: el deterioro sanitario y las epidemias en Cuba ya representan un riesgo reconocido fuera de sus fronteras.

La OPS advierte

La Organización Panamericana de la Salud reporta que en Cuba hay más de 47.000 casos asociados a los virus dengue, chikungunya y oropouche. Esta cifra confirma que las epidemias en Cuba han superado la capacidad real del sistema sanitario para diagnosticar, atender y contener los contagios.

Advertencia de especialistas cubanos en el sur de la Florida

Médicos cubanos radicados en el sur de la Florida han advertido públicamente que en la isla existe una confluencia simultánea de tres virus —Oropouche, chikungunya y dengue—, una combinación que incrementa de manera significativa las complicaciones graves, especialmente en personas vulnerables o sin acceso a tratamiento temprano. Señalan que estos virus pueden provocar hemorragias, afectaciones neurológicas, deshidratación aguda y fallas orgánicas. En un país donde los hospitales no cuentan con analgésicos básicos, sueros, ni personal suficiente, la falta de tratamiento oportuno convierte cualquier infección en un riesgo extremo. Según estos especialistas, en las condiciones actuales de Cuba, una fiebre mal manejada puede significar literalmente la diferencia entre la vida y la muerte, un escenario agravado por las actuales epidemias en Cuba.

Por cronicasexilio

Journalist and human rights defender. Currently in exile in Europe, where I continue to denounce discrimination, racism, and the rise of neo-Nazism. In this space, I share chronicles, investigations, and reflections from the perspective of resistance.

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